A través de sus diálogos, Platón va a seguir indagando en la problemática abordada por su maestro Sócrates de la búsqueda de definiciones universales y su relación con la teoría moral, ontológica y antropológica, así como su repercusión en los modelos educativos de la polis griega. Ante la necesidad de oponerse al pensamiento de los sofistas y tras la condena a muerte de su maestro Sócrates en el 399 a.C. por parte del régimen democrático de Atenas, Platón reflexiona sobre la democracia y la necesidad de establecer en la ciudad un gobierno basado en la justicia, de ahí su meditación sobre el gobierno ideal en el diálogo de madurez República, o de lo justo.
Desde el punto de vista gnoseológico, Platón intenta conciliar a través de la alegoría de la línea, que aparece en el libro VI, las teorías de Parménides y Heráclito sobre el movimiento de los seres de la physis, atribuyendo un mayor grado de realidad y ser al objeto y al tipo de conocimiento que no se apoya en aspectos sensibles y mutables, sino que alcanza, por el contrario, la cualidad de lo universal e inmutable, a lo que Platón llama idea o forma, otorgándole a éstas las cualidades del ser parmenídeo y tomando a las formas o ideas como modelo de toda la realidad material, que queda fundamentada ontológica y gnoseológicamente y, como consecuencia, también desde el punto de vista ético, en las ideas universales y preexistentes que justifican todo su sistema.
En el libro VI de la República aparece el conocido símil de la línea dividida en segmentos, que describe un proceso de abstracción gnoseológica y ascética, a la vez que una graduación ontológica de carácter ascendente. Este símil puede solaparse con la alegoría de la caverna descrita en el libro VII, que narra el proceso de purificación que, desde el punto de vista gnoseológico, debe vivir el individuo, despojándose de todo conocimiento sensorial anclado en la materialidad, hasta llegar a contemplar las ideas universales y eternas, es decir, la realidad en grado sumo, cuya metáfora es la luz del sol. De esta forma, los grados de conocimiento en el símil de la linea se corresponden con las etapas por las que pasa el prisionero en el mito de la caverna para liberarse de las sombras que lo atan al mundo de lo aparente, que en última instancia, no es más que una proyección alegórica de la Atenas de su época en la que imperaba el discurso elocuente de los políticos educados en la sofística, que mantienen a los ciudadanos anclados a un mundo de sombras, sin que puedan liberarse para contemplar la luz de las ideas universales, cuya verdad y realidad se imponen por sí mismas y además, justifican todos los grados inferiores de ser y también al rey-filósofo como gobernante ideal, basándose en la teoría intelectualista de su maestro Sócrates.
El símil de la línea ilustra claramente el dualismo de la filosofía platónica en lo que respecta a la concepción de la realidad y del conocimiento: Platón establece una clara correspondencia entre la estructura de la realidad y las formas de conocimiento pues, según él, la calidad del conocimiento depende de la naturaleza de los objetos conocidos. Esta relación entre realidad y conocimiento queda ilustrada a través de una línea dividida primero en dos partes: la del mundo sensible, a la cual le hace corresponder el conocimiento aparente o de mera opinión (doxa) y la del mundo inteligible, a la cual le hace corresponder el conocimiento auténtico o la verdadera ciencia (episteme).
A continuación, cada una de esas dos partes es dividida, a su vez en otras dos, con lo que la línea queda dividida en cuatro partes. Platón asigna entonces a cada parte un tipo o clase de ser: dos pertenecientes al mundo sensible: las imágenes y los entes naturales y artificiales; y dos pertenecientes al mundo inteligible: los entes matemáticos y las Ideas. Pues bien, a cada uno de esos cuatro tipos de seres Platón le hace corresponder respectivamente una de estas cuatro clases de conocimiento: la conjetura (eikasía), la creencia (pistis), la verdad deducida (dianoia) y la verdad intuida (noesis).También aparecen reflejadas en el símil las cuatro facultades que utilizamos para conocer cada uno de los cuatro tipos de seres: la imaginación para el conocimiento de las imágenes, los sentidos para el conocimiento de los entes naturales y artificiales, la razón discursiva para el conocimiento de los entes matemáticos y la intuición intelectual para el conocimiento de las Ideas. El conjunto de conocimientos sobre los entes del mundo sensible constituye la física, que para Platón no es verdadera ciencia, pues sus conocimientos no son ni universales ni necesarios: son meras opiniones. El conjunto de conocimientos sobre los entes matemáticos constituye las matemáticas, que sí es considerada ya una ciencia, pues sus conocimientos son universales y necesarios. Por último, el conjunto de conocimientos sobre las Ideas constituye la dialéctica, considerada por Platón la ciencia suprema, en cuanto que tiene por objeto los seres eternos e inmutables del mundo inteligible.
Podemos ilustrar claramente el símil de la línea y su correspondencia con la alegoría de la caverna mediante el siguiente esquema:

