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2.2.1.Sócrates y los sofistas

Los sofistas 

En la Atenas del S. V a.C. se producen importantes cambios de carácter social y político: Solón, Clístenes y Pericles realizan reformas importantes en la polis y se instaura un nuevo sistema de gobierno que sustituye a las oligarquías aristocráticas y a las monarquías tribales de la época antigua. No obstante, el sistema político democrático conserva tres antiguas instituciones: la Asamblea,  el Consejo y los magistrados.

En este nuevo contexto democrático, la palabra "politeia" hace referencia a la constitución como texto jurídico y también a la forma de vida de la polis, que se personifica en la figura del ciudadano que se identifica con su ciudad y respeta sus leyes, cuyo ejemplo paradigmático será Sócrates, el ciudadano que prefiere morir antes que transgredir la ley, según manifiesta Platón en su diálogo Critón (50a-50d).

El profundo respeto por las leyes y por los asuntos públicos se debe a que el individuo forma parte activa en los mismos y se identifica con la voluntad colectiva u objetiva, pues no existe aún conciencia de la voluntad subjetiva individual, que va a gestarse en el terreno democrático con la llegada de los sofistas. La democracia ateniense se desarrolla en el ágora donde es fundamental el dominio de la palabra y del discurso, pues la democracia es el gobierno de la palabra, de la argumentación elocuente, que convence en la asamblea y que fomenta la libertad de expresión y la reflexión teórica sobre la política.

En este contexto, sofista (sophistés), proviene etimológicamente de las palabras sophós y sophía, significa experto en algún oficio y en un uso más restringido al saber práctico de la conducta, capacidad para gobernar y aconsejar con prudencia y acierto. Los sofistas además eran profesionales de la enseñanza y maestros de la virtud (areté en el sentido de excelencia, plenitud del desarrollo de las cualidades y potencias). Protágoras pretendía convertir a los atenienses en ciudadanos excelentes, enseñándoles a ser virtuosos.

 Estas pretensiones desencadenan un conflicto respecto a la enseñanza de la areté  por parte de los sofistas con aristócratas y demócratas:

-Los aristócratas consideraban que la areté no puede enseñarse, es algo propio de la nobleza y, por tanto, connatural y heredado.

-Los demócratas consideraban que la areté sólo puede aprenderse en el seno de la polis, que es la verdadera educadora de los ciudadanos.

Los sofistas alcanzaron gran éxito y sus enseñanzas, que se ofrecían en un programa completo y sistematizado, satisfacían las demandas de la sociedad democrática del momento, que exigía dominar las técnicas de la argumentación y la elocuencia.

  • RASGOS COMUNES:

-No eran ciudadanos de Atenas, por lo que no vivían con arraigo la identificación del individuo con la ciudad, el organicismo social que caracteriza a la sociedad griega hasta la llegada de los sofistas.

-Profesionalización de la enseñanza: fueron los primeros maestros que se dedicaron profesionalmente a enseñar y cobraban por ello, lo que hasta entonces era una cuestión bastante novedosa.

-Introducen un debate sobre el carácter natural o convencional de la ley (physis / nomos), que culmina el giro antropológico, sociológico y político que se produce en torno a los temas de reflexión filosófica.

  • PHYSIS / NOMOS:

La palabra nomos hace referencia a la opinión colectiva estable y asentada, creencia (doxa), costumbre con rasgos de normatividad y ley. El nomos tiene un carácter no natural: las costumbres y las leyes son creaciones humanas. Protágoras redacta la constitución de Turios en el 443 a.C. La ley ya no se identifica con el fuego o el logos del universo como pensaba Heráclito, sino que tiene un carácter convencional que precisamente limita la naturaleza, pero que se fundamenta exclusivamente en el acuerdo o interés mutuo.

El sofista Protágoras, haciendo referencia al mito de Prometeo define al nomos como un complemento de la naturaleza humana, de por sí de carácter deficitario frente al mundo de la naturaleza, constituyendo el nomos un freno a las actitudes del mundo natural, en el que imperaría la ley del más fuerte. Para Trasímaco, en el libro I de la República de Platón, el nomos representa, por el contrario, la normalización de ese interés, el interés de los poderosos.

El convencionalismo de los sofistas lleva aparejado desde el punto de vista gnoseológico el relativismo: Protágoras tiene una visión pragmática del conocimiento, pretende ocuparse de las cosas en tanto que afectan al hombre, siendo este además la medida de todas ellas, de ahí su famosa frase: "El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son".

El contacto con otras culturas refuerza la postura relativista de los sofistas que culmina en el escepticismo radical de Gorgias, que se opone a la teoría parmenídea del ser: Gorgias considera que el ser humano no puede alcanzar un conocimiento de carácter universal y objetivo o eterno e inmutable -como definía Parménides el ser- pues de poder hacerlo, no podría comunicarlo a través del lenguaje, que además de ser un instrumento de expresión tan convencional y arbitrario como el nomos, hace referencia a una experiencia personal y subjetiva, a la vivencia concreta de los individuos que las traducen en palabras, por lo que en este sentido, sólo pueden comunicar experiencias subjetivas y no realidades objetivas, pues el sentido del lenguaje convencional no apunta al ningún objeto o realidad exterior, sino a la vivencia del sujeto que comunica.

Sócrates

Frente a los sofistas, Sócrates es un ciudadano ateniense profundamente enraizado en su ciudad con cuyas leyes y costumbres se identifica. Como hoplita cumple son sus obligaciones militares con la ciudad de Atenas y en todo momento se siente comprometido con la justicia y las leyes de su ciudad, sintiendo un profundo respeto hacia ellas, hasta el punto de preferir la condena a muerte a la transgresión de las leyes. Este compromiso se basa en la vivencia de tres fenómenos fundamentales: el movimiento sofístico, la decadencia de la democracia como sistema político y con ella, la decadencia de la polis ática.

  • LA  ARETÉ SOCRÁTICA COMO INTERIORIZACIÓN DE LA VIRTUD

Sócrates comparte con los sofistas la tesis del carácter convencional del nomos: las leyes que regulan la ciudad son fruto de la convención. No obstante, frente a ellos considera que las virtudes fundamentales que mantienen la cohesión y el orden social que son la moderación y el respeto a las leyes, han degenerado: para Sócrates la causa de los comportamientos individualistas y demagógicos está directamente relacionada con las doctrinas inculcadas por los sofistas a los ciudadanos, por lo que en el fondo, el problema social y político de la Atenas del S. V a.C y las consecuencias que se hacen tangibles en la ciudad de su época se reducen, en última instancia, a un problema que hace referencia a los modelos educativos.

En este sentido, Sócrates opone el respeto por la justicia y la ley a la educación sofística en la que impera la manipulación de las masas y el primado de las pasiones e intereses individuales frente a los de la polis, que desembocarán en el individualismo, frente al concepto organicista de ciudad con la que el ciudadano griego se identificaba. Desde esa escisión individualista que rompe el vínculo y el compromiso del ciudadano con su ciudad, Sócrates pretende recuperar este vínculo partiendo de la conciencia individual y realizando una tarea de interiorización de la virtud según Tomás Calvo Martínez, a partir de la cual respetar las leyes es respetarse a uno mismo, por lo que la tarea de reconstrucción de este compromiso del ciudadano con la ciudad parte del compromiso personal de cada ciudadano consigo mismo y con la ciudad, representado por Platón en la República y cuyo antecedente se encuentra en su maestro Sócrates y su nuevo concepto de areté como interiorización de la virtud, que en última instancia remite a un aspecto psicológico anunciado a Sócrates por el Oráculo de Delfos, mediante la sentencia “conócete a ti mismo”.

  • LA BÚSQUEDA DE LAS DEFINICIONES UNIVERSALES MEDIANTE LA MAYÉUTICA

La lucha contra el individualismo cuyo germen implanta la educación de los sofistas tiene un correlato en el aspecto gnoseológico, de forma que Sócrates se opone al escepticismo de Gorgias en lo que se refiere a la posibilidad del lenguaje de representar la realidad y la verdad en tanto que éste remite a una vivencia subjetiva. Por el contrario, Sócrates pretende alcanzar los conceptos o definiciones objetivas a partir del método mayéutico-dialéctico, que consiste en hacer que el interlocutor se cuestione los conceptos o ideas preconcebidas sobre un tema o asunto concreto, como pueda ser la justicia o la belleza, para llegar, a través de la inducción (“epagogé”), a la definición objetiva del concepto.

Esta preocupación por llegar a la definición objetiva, sobre todo de conceptos morales, tiene una dimensión ética, pues Sócrates pensaba que sólo conociendo qué es la justicia o qué es la bondad, podía el individuo actuar de forma justa o bondadosa. Esta forma de considerar que el conocimiento objetivo y la virtud moral están relacionadas se conoce como intelectualismo moral y es una característica del pensamiento ético de Sócrates, de la misma forma que lo será también de su discípulo Platón. En este sentido, la teoría intelectualista de Sócrates considera que el origen del mal moral está en el desconocimiento o la ignorancia del bien, pues plantea la existencia de una relación causal entre el conocimiento objetivo del concepto universal y la realización de la acción virtuosa; es decir, para Sócrates el conocimiento del bien implica necesariamente la realización y materialización de este en buenas acciones. Como conclusión, podríamos apuntar que en la teoría ética socrática no hay lugar para la culpa, pues el mal es producto de la ignorancia y por lo tanto se realiza de forma involuntaria.

Identifica la visión del nomos que expone cada texto con su defensor según la teoría explicada

Pregunta

“Cada gobierno impone las leyes (nomos) según le conviene…Esto es lo que afirmo, amigo mío: que en todas las ciudades lo justo es aquello que conviene al gobierno establecido. Y este es el que detenta el poder. Así pues, si razonamos correctamente nos encontramos con que lo justo es lo mismo en todas partes: lo que conviene al más fuerte".

Platón: República, I, 338E-9A.

Respuestas

Sócrates

Calicles

Trasímaco

Retroalimentación


Pregunta

"Creo que los que establecen las convenciones son los hombres débiles y la multitud. Por consiguiente, establecen las convenciones en relación a sí mismos y a su conveniencia, y reparten elogios y reproches. Amedrentan a los hombres más vigorosos y a los que son más capaces de acaparar más, para que no puedan acaparar más que ellos mismos, diciendo que acaparar es feo e injusto y que cometer injusticia es precisamente procurar acaparar más que los demás, pues ellos, a mi juicio, se dan por contentos cuando se hacen con la igualdad siendo más viles. Debido a eso, por convención se dice que es injusto y feo cuando se procura acaparar más que los demás y a esto lo llaman cometer injusticia. Pero soy de la opinión que es justo que el mejor se haga con el peor y el más poderoso con el menos".

Platón, Gorgias, 483b-484b.

Respuestas

Calicles

Trasímaco

Gorgias

Retroalimentación


Pregunta

“Lo natural no es que el fuerte sea constreñido por el débil, sino que el más débil sea gobernado y dirigido por el más fuerte, que el más fuerte dirija y el más débil obedezca.”
Gorgias: Encomio de Helena, 6; DK II, 290.

Respuestas

Sócrates

Trasímaco

Gorgias

Retroalimentación

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